Uno va por ahí y se encuentra que todo lo que creía hasta ahora es falso:
“Encuentra una verdadera ama de casa.”
(…)
(miro por la ventana)
(…)
Pues no.
Bienvenidos sean, damas y caballeros, a un nuevo artículo sobre lo desconocido, el más allá y las fuerzas de lo oculto. El relato de hoy no es apto para estómagos ni mentes débiles, porque nos vamos a internar en las fronteras prohíbidas del Proyecto Realidad, estamos hablando de la segunda parte de Zelda 64, estamos hablando de la terrorífica Máscara de Majora.
Te está mirando. De verdad. Te está mirando y va a por tí. Sal corriendo que te pilla. Que sí.
Llegué apresuradamente a mi hogar mientras Hilario Abañón aparcaba el coche, y lo que me encontré me hundió en la más profunda preocupación: el dionisiaco cuerpo de Mungeke M’Trmba, mi asistenta kĩkũyũ, estaba tirado sobre la alfombra. Un pestazo a amoniaco y demás productos de limpieza inundaba la estancia, y había vidrios rotos esparcidos por toda la estancia:
“Padre, los hombres rata soltaron a los bichos botella -dijo mi hijo, tras de mí- Golpearon a Mungeke, no pude hacer nada.”
“Tranquilo hijo, ella está viva.”
“Esa es una estupenda noticia” -los pasos apresurados de Hilario lo interrumpieron, provocando la huida apresurada de mi tímido hijo.
“Que desastre, ¿pero cómo tenías demonios rompeplanares encerrados en este cuchitril? -el médium, que sangraba del labio, parecía escandalizado como si la situación fuera exclusivamente culpa mía- ¡Conozco montones de sitios mejores que este, monasterios, lamaserías, el Vaticano, el Archivo de la Legión Comunista si hace falta!” (más…)
Realmente, Baljabazhabullarom no debería tener ningún motivo para vengarse de mí. Al fin y al cabo, yo no le había provocado ningún daño directo, aparte de sugerir el asesinato de su “novia” para evitar que ejecutara su fin del mundo:
“CAERÁ NUESTRA IRA SOBRE TI, -siguió la sombra- LOS CIELOS DE TU PLANO SE PINTARÁN CON LA SANGRE DE LOS INOCENTES, Y…”
“¡Cállate gilipollas, estoy intentando conectar! -Hilario bajó la cabeza y se sujetó las sienes- Mmm… ¿M’keimau? ¡¿M`keimau?!”
“¿M´keimau? Por supuesto, eso explicaría la ansiedad de los gatos y el exceso de roedores -M’keimau era una suerte de deidad de formato hinduista de las ratas. Por así decirlo, M’keimau era la encarnación de las ratas en el mundo primigenio, en la era en la que los mamíferos eran ratas y los dinosaurios eran los amos de la creación. Dicha encarnación rendía pleitesía a los Grandes Primigenios, y de ahí…” (más…)
“Kiendergarten, Gunthër Panoñez está muerto, y al margen de las alocadas visiones que tuviera el doctor Gustarddufsson antes de morir, seguirá muerto -el rector Gregor Friedrinch Wincklebergen Gattuso volvió a bajar la vista hacia su computadora y siguió tecleando, fingiendo indiferencia- ¿No tiene nada más que decirme?”
“¿Estuvo en la última conferencia de Gustarddufsson?”
“Sí, desde luego -respondió, sin levantar la vista de la pantalla- El escarabajo del Nilo y toda esa farsa de Munich. Son los alemanes los que deberían venir aquí, no nosotros allí. Aquí tenemos demasiado trabajo.”
“¿Notó algo inusual?” (más…)
“Tengo que decir, Kienfliguenpichi, que siempre sabe montarse las mejores fiestas -eran ya las tres de la mañana, y el inspector Klöse parecía divertirse al ver como los operarios trataban de instalar una palanca hidráulica para desencajar el cadáver de Olaf Gustarddufsson- ¿Y dice que el hombre se sentía perseguido?”
“Por lo que me dijo, oyó espantosos crujidos durante una charla en la facultad, acompañadas de una bajada de tensión en las luces del edificio”
“Eso es perfectamente normal, hasta para su linea de trabajo”
“En efecto. Pero, en su errático e histérico relato, afirmó también haberse encontrado con el cadaver semidescompuesto de Gunthër Panoñez, y que incluso llegó a tocarle.”
“¿Ve? Eso ya se parece un poco más a lo habitual en usted.”
El trasero de Gustarddufsson, que había hecho ventosa en mi butacón favorito, se resistía hasta a la fuerza hidraulica de la palanca de los operarios:
“Santo dios, ¿pero de que estaba hecho ese hombre?”
“He de admitir que tenía unos hábitos dietéticos deplorables, con lo que su masa corporal debe estar compuesta por grasas en un 80% o más”
“Pedazo gordaco, sí -garabateó algo en su bloc de notas- Ese pestazo en él, ¿era algo natural?” (más…)
Aquella noche estaba bebiendo una tila con el objetivo de poder conciliar el sueño, evadiendo todos los fantasmas de investigaciones pasadas, cuando me sobresaltó el timbre del portal. No sin bastante esfuerzo conseguí levantarme de mi butacón de roble del siglo XIX, herencia de mi abuelo, y acudí a las insistentes llamadas del interfono. Al coger el auricular, una voz me conminó a abrir la puerta:
“Ábrame Gerhalt, por dios bendito” (más…)
Corría el año 1734 cuando Juan Cristiano Bamora de Tudor se aplastó un dedo con el martillo mientras trataba de colgar un crucifijo en la puerta de la iglesia. Tan mala fortuna tuvo, que su dedo quedó totalmente inutilizado para la posteridad, y le fue amputado. Esto no tendría la más mínima importancia si no fuera porque el ministro protopietista de la misión en Yutuqueque de los Hermanos Santificados del Último Dia Despues de Cenar, al ver que dicha iglesia no tenía crucifijo en la puerta, la declaró herética y mando quemar todo el pueblo en las llamas purificadoras del Señor.
La desaparición de la misión de Yutuqueque no tendría ninguna consecuencia de no ser porque, mas de tres siglos después, un joven zagal que respondía al nombre de Emmanuel Osvaldo Giroldo Junior de Todos los Santos encontró los restos de la misión, para gran regocijo del alcalde de la zona. Pronto Yutuqueque resurgió como enclave arqueológico y lo más importante, como enclave turístico. El alcalde era un tipo capaz y avispado, y en menos de dos lustros los mártires de Yutuqueque se habían convertido en santos, y San Juan Cristiano de Bamora era el patrón de los Carpinteros Criollos de Gran Torpeza, aunque ninguno de los dos nombramientos hubieran sido aceptados por el vaticano.
Era la primavera del año 1989 cuando (más…)